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Rosa E. Ponce
rosyponce@rpsr.org
Nutrir es mucho más que alimentar de forma saludable a
nuestros hijos. La hora de la comida es uno de los
momentos más ricos de experiencias dentro de la dinámica
familiar. La hora de comer es cuando una familia
convive, trasmite costumbres, comparte sentimientos y
desarrolla su identidad como grupo social, satisfaciendo
no solo necesidades fisiológicas, sino también
afectivas.
Desafortunadamente, en muchas ocasiones, es en este
valioso momento cuando la situación se pone tensa a
causa de conflictos por la comida: “A mi no me gusta
esto…” “Yo no quiero comer….”, etc.. Normalmente suelen
existir soluciones sencillas y útiles para estos
problemas. A veces un pequeño cambio en el
comportamiento por de los padres, la forma en que les
ofrecemos la comida o el enfoque que le damos al momento
es todo lo que se necesita para que las cosas vuelvan a
su sitio.
Cabe mencionar que la infancia es la etapa más
importante en la vida de un individuo. Durante ésta se
adquieren la mayoría de los aprendizajes que regirán el
futuro comportamiento de la persona, trayendo
consecuencias a corto y largo plazo.
Así, el niño, a medida que va creciendo, incorpora a su
vida actividades que requieren de mayor independencia,
tomando decisiones que si no son bien orientadas pueden
causarle daños a su salud física, psicológica y social.
Es en este momento cuando se vuelve necesaria la
participación de los padres, al ser ellos las personas
que están más al tanto de su desarrollo y educación.
Dentro de las conductas que adquieren los niños en sus
primeros años de formación se encuentran los hábitos
alimenticios.
Es muy común que haya niños con trastornos alimenticios
a los que no se les da la importancia debida, siendo muy
frecuente que no se reconozcan estos casos cuando se
presentan o peor aún, que no se este consciente de la
gravedad; por ejemplo, hay muchos niños que tienen
problemas de obesidad pero por las creencias se tiene la
idea de que un niño “gordito” es sinónimo de buena
salud; o tenemos el otro extremo, en que debido a los
estereotipos de la televisión llegamos a desear en
nosotros mismos o en nuestros hijos esa figura
“estética”, llegando en ocasiones a la desnutrición.
Estos y muchos otros factores influencian de forma
determinante nuestros hábitos alimenticios, pero
finalmente la mayor parte de estos los adquirimos de
nuestra propia familia. Los padres intervenimos de
manera directa en estas conductas, ya sea regulándolos o
provocándolos con nuestro ejemplo.
Por todo lo anterior, se vuelve necesario centrar la
atención en la forma en que se comportan nuestros hijos
durante el momento de comer para detectar conductas que
puedan derivar en posibles trastornos alimenticios y con
ello realizar una intervención temprana. También es
vital tener precaución sobre los comentarios que hacemos
acerca “la figura perfecta” frente a nuestros hijos ya
que ellos pueden tomar nuestros comentarios como
mensajes acerca de cómo “debe” ser una figura física
aceptable socialmente hablando.
Lic. Rosa Elena Ponce V.
rosyponce@emergencia.org.mx
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