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Por María del Rosario Lafón
Fragmentos de su artículo publicado en
Crezcamos Juntos
Ser tú mismo o tú misma significa
entender que eres diferente, que ambos miembros de la
pareja son diferentes, que el objetivo del matrimonio no
es perder la individualidad sino fortalecerla, que no es
necesario que los cónyuges piensen de la misma manera,
pues a cada uno le ha tocado experimentar su vida de una
manera única, aprender de ella, pensar y formarse un
criterio individual sobre ella.
No se trata, pues, de sacrificar el
propio espacio sino de enriquecerlo con la presencia del
cónyuge y de cada uno de los hijos, quienes necesitan
también su espacio, grande o pequeño. Cada uno debe
tener su espacio físico, emocional, espiritual,
intelectual y social para respirar a su ritmo y
conservar sus gustos, sus preferencias y motivaciones.
Habrá ocasiones en que haya que ceder un poco del propio
espacio por el bien de la pareja o de los hijos; en esos
casos, hay que hacerlo conscientemente, con el fin de
contribuir a la armonía de la familia y a la felicidad
de todos.
Cuando una pareja respeta los espacios de
todos y permite que cada uno sea auténtico, formará
hijos respetuosos de sí mismos y de los demás.
Tener un espacio no significa gozar de
una libertad desmedida, ni romper reglas al gusto; por
el contrario, los espacios de cada individuo están
delimitados por una línea imaginaria, que es la línea
del respeto a los demás. De otra manera, la vida en
común sería imposible.
Ser y dejar ser, y que tanto la pareja
como la familia tengan su espacio, permite el
crecimiento de todos y favorece uno de los valores
indispensables en la educación y la formación: la
congruencia.
Es importante que tu pensamiento y tu
acción vayan de la mano, especialmente cuando actúas
como madre o padre. Por ejemplo, si tú no has podido
dejar de fumar, debes tener la honestidad de platicar
con tus hijos el hecho de que estás tratando de dejar el
cigarro porque sabes que puede ser muy dañino para la
salud y que, como tú quieres lo mejor para ellos,
quisieras que no fumaran, porque los amas. Al mismo
tiempo, debes hacerte el propósito de, tarde o temprano,
dejar definitivamente de fumar.
Congruencia es dar ejemplo de la verdad y
seguir siendo uno mismo o una misma, y no permitirte
mentir ni siquiera, por ejemplo, sobre la edad de tus
hijos, sólo para ahorrarte un poco de dinero en la
entrada del cine.
La congruencia exige ante todo un
compromiso con uno mismo. Exige autenticidad. Cuando
educas a tus hijos siendo “tú mismo” o “tú misma” todo
fluye mejor y los obstáculos y negativismos desaparecen.
La autenticidad es el valor que permite una unión
comprometida y duradera.
Lic. Rosa Elena Ponce V.
rosyponce@emergencia.org.mx
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