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Rosa E. Ponce
Para
saber
educar se necesita primero que nada el conocimiento de
uno mismo. Saber cómo somos y aceptarnos tal cual somos,
con nuestras luces y con nuestras sombras. Conocerse es
indispensable como también lo es una actitud positiva
para rectificar.
Posteriormente
es necesario conocer bien a nuestros hijos. Aunque
parezca extraño, más frecuentemente de lo que uno piensa
existen familias en las que no se dan estos dos
requisitos básicos.
Todos tenemos cualidades y defectos, también
reaccionamos de forma distinta según con quien tratamos.
Y es del esfuerzo para superar esos defectos de donde
sale la energía educadora de los padres. Así pues
tenemos tres elementos importantes en el trabajo
educador de los padres que son: conocimiento, aceptación
y esfuerzo constante de mejora personal, y estos son
aplicables tanto a uno mismos como a los hijos.
Conocer el carácter de cada uno de nuestros hijos así
como la etapa de desarrollo en la cual se encuentran es
importantísimo para lograr sacar todo el potencial de
cada uno de nuestros hijos. Por ejemplo, si tenemos un
niño de 7 años en el que empieza un período de
equilibrio en donde es más fácil la adquisición de
hábitos y a su vez tiene un carácter activo podemos
desarrollar en él a un gran deportista.
No olvidemos que todos somos diferentes y la forma de
tratar a nuestros hijos debe ser así, diferenciada, es
un error muy grande pensar que como padres debemos de
tratar a todos nuestros hijos de la misma manera. A un
hijo sensible, por ejemplo, habrá que tratarlo y decirle
las cosas de acuerdo a su carácter y personalidad.
Una clave para lograr conocer mejor a nuestros hijos es
creando un clima de confianza y de diálogo. Para eso es
necesario saber escuchar, observar y dialogar haciendo
preguntas oportunas esto aparte de ayudarnos a
conocerlos nos ayudará a comprenderlos mejor. Para
lograr esto es muy importante dedicar tiempo suficiente
a cada uno de nuestros hijos, tiempo de convivencia y de
plática.
Para esto es excelente la idea de la campaña
publicitaria del Consejo de la Comunicación y tener
nuestra Noche Familiar en donde aprenderemos a
conocernos mejor unos a otros, porque nuestros hijos
también deben conocernos para que a su vez nos
comprendan mejor.
Porque para aceptar hemos de comprender y la comprensión
exige la capacidad de entrar en el otro, nos
relacionamos con lo más específico de nuestro hijo, es
decir, con su intimidad, que conviene respetar. Para
mantener unas buenas relaciones familiares hemos de
considerar a nuestros hijos personas únicas,
irrepetibles, con posibilidades y limitaciones. Nuestra
aceptación será permanente, incondicional y total. Al
aceptar plenamente a nuestro hijo, sabrá que es querido
y valorado, base de su auto estima personal.
Finalmente hay que mencionar que debemos actuar
independientemente de nuestro estado de ánimo, sin
importar si estamos de “buenas” o de “malas”. Nuestro
testimonio de cariño constante, paciente y realista será
lo más positivo para que nuestros hijos adquieran una
personalidad madura y estarán motivados para mejorar
personalmente.
Los espero la próxima semana, con gusto recibiré sus
comentarios en mi correo electrónico.
Lic. Rosa Elena Ponce V.
rosyponce@emergencia.org.mx
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