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Rosa E. Ponce
En los tiempos que nos está tocando vivir es necesario
reforzar esfuerzos para lograr sacar adelante a nuestros
hijos,
pero no estoy hablando en el aspecto económico, estoy
hablando en el aspecto moral.
En una ocasión recibí una gran lección de mi hijo mayor,
cuando
el era apenas un adolescente de 15 años. En la sobremesa
estábamos hablando acerca del éxito de las personas y él
dijo: “Para mi una persona alcanza el éxito cuando logra
una equilibrio en su vida, su aspecto moral, social,
familiar y económico se encuentran balanceados.” ¡Guau!
¡Fueron las palabras de un adolescente, el mundo tiene
solución!, pensé yo.
A que viene todo esto, a que la violencia que hoy se
vive en nuestras calles y en los hogares de muchas
familias es
consecuencia
de que nosotros como padres no hemos hecho bien nuestro
trabajo. Aunque nos duela a muchos esto es verdad.
Muchos pecamos por amarlos de más y decirles si a todo,
otros por no interesarnos en sus problemas porque nos
agobian problemas más “importantes” y grandes y muchos
otros porque realmente nos queremos complicarnos la vida
más de lo que ya es y solucionamos todo dándoles el
dinero que nos piden sin cuestionar en que lo gastan.
¡Es cierto!
Pero eso ya no importa, como les mencioné anteriormente
el mundo tiene solución, es necesario de ahora en
adelante ponernos las pilas, estar más al pendiente de
nuestros hijos ¡sin sobreprotegerlos! Dejando que ellos
afronten las consecuencias de sus actos.
Sobre esto recibí hace tiempo una gran lección de un
familiar ya entrado en años (a quien no mencionaré para
no ventanearlo, ya con ventanear a mi hijo fue
suficiente). Su hijo joven andaba de fiesta con los
amigos, los detuvieron y los llevaron a la cárcel por
andar escandalizando, bebiendo y manejando. Cuando se
comunicaron en la madrugada con él para darle aviso de
que estaba detenido él preguntó: “¿Está bien?”. “Si
señor, no les ha pasado nada”, fue la respuesta del
policía. “Muy bien -contestó el papá- Mañana iré a
arreglar el asunto”. Y lo dejó encerrado toda la noche
hasta media mañana del día siguiente.
¡Vaya lección para él y para sus hermanos! Él cometió
una falta y pagó las consecuencias de su error. ¿Cuántos
padres modernos nos atreveríamos a hacer eso? Creo que
muy pocos.
Los narcotraficantes, sicarios, delincuentes, asesinos y
secuestradores de hoy no salieron por generación
espontánea, vienen de una familia, funcional o
disfuncional, con ambos padres o monoparental, grande o
pequeña, rica o pobre, de todo hay. El único factor
común es que los padres se descuidaron en la educación
en valores de sus hijos, en aprovechar las lecciones que
nos da la vida para formar hombres y mujeres de bien.
Que no nos ocurra eso a nosotros, retomemos nuestro
papel como padres y no dejemos su educación a la escuela
o al estado. Recuerden no hay mejor empresa (en el
sentido de emprender una tarea) que la propia familia.
Con gusto recibiré tus comentarios en mi correo
electrónico.
Lic. Rosa Elena Ponce V.
rosyponce@emergencia.org.mx
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