|
Actividades de Educación Ambiental
¿Tenemos que resignarnos a que, poco a poco, nuestro
entorno se vaya convirtiendo en un desierto para la
vida?
En los campos, pueblos y ciudades hay pequeños rincones
que pueden proporcionar refugio o alimento a la fauna y
la flora silvestres. ¿Qué tal si intentamos recuperar
alguno de estos sitios para la naturaleza? Los espacios
y las ideas pueden ser infinitos. Citaremos sólo unos
pocos ejemplos:
*
Una linde entre dos parcelas agrarias (o entre dos
lotes) puede convertirse en un hermoso cerco que dé
refugio a multitud de animales y plantas
*
Un rincón de un patio nos puede servir para crear un
jardín de mariposas
*
En una zona tranquila de un jardín podemos colocar un
comedero para aves
*
Un muro bien cubierto de hiedra es un buen dormidero
para los pajaritos y, en el otoño, una fuente de néctar
para las abejas
Un poco de método
A continuación apuntamos brevemente algunas cuestiones
que conviene plantearse desde el principio.
Encontrar el lugar adecuado:
El espacio sobre el que se va a intervenir puede
condicionar bastante nuestro proyecto, por lo que es
conveniente plantearse esta cuestión en las primeras
fases del trabajo. Es importante contar con el acuerdo
del propietario del lugar. Si contamos con varias
posibilidades, podríamos valorar cuestiones como su
accesibilidad, su potencial para acoger vida
silvestre...
Preparar un proyecto de trabajo:
¿Qué vamos a hacer exactamente y cómo lo vamos a hacer?
¿Necesitaremos realizar algún trabajo de mantenimiento?
¿Qué recursos necesitaremos? ¿Cómo vamos a conseguirlos?
¿Cómo vamos a valorar si hemos tenido éxito en el
trabajo? ¿Quién se puede encargar de cada cosa? Estas
son algunas de las preguntas a las que debemos dar
respuesta en esta fase del trabajo. Una buena
planificación previa hará más eficaz y sencillo el
trabajo de todos.
Aprender algunas técnicas de trabajo necesarias:
¿Qué técnicas de trabajo necesitamos dominar para
realizar la parte práctica del proyecto? ¿Cómo podemos
aprenderlas?
Si todo el mundo está listo... ¡manos a la obra!
Valorar cómo ha ido todo ¿Ha funcionado todo bien? ¿Nos
hemos quedado satisfechos?
Otros pueden aprender de nuestra experiencia: ¿Sería
interesante que otros conocieran nuestra experiencia? Si
es así, ¿cómo vamos a hacer para que la conozcan?
Un ejemplo concreto: plantar un
cerco vivo
Los beneficios de los cercos:
Si deseamos proponer al grupo la restauración o creación
de un cerco, es recomendable empezar analizando su valor
para crear diversidad biológica. Así se podrá entender
el interés del trabajo que se propone realizar.
Los cercos se utilizan desde antiguo para separar
parcelas de terreno (normalmente tierras que pertenecen
a dueños diferentes o que tienen distintos usos).
Los cercos retienen el suelo y actúan como una barrera
frente al viento. Protegen al ganado del sol excesivo y
de las lluvias o vientos fuertes. Son una fuente de
alimento, tanto para la vida silvestre, que aprovecha
los frutos, semillas y bayas de árboles y arbustos, como
para los animales domésticos, que consumen los brotes
tiernos de diversos árboles y arbustos.
Pero, además, los cercos constituyen un formidable
refugio para la naturaleza en zonas que han sido muy
transformadas para el uso humano. Los arbustos, muchos
de ellos espinosos, que forman los cercos, forman un
intrincado escondite que acoge a multitud de aves,
sapos, lagartijas, pequeños roedores y otros mamíferos.
Los cercos y pequeños rodales de vegetación densa
constituyen la clave para la supervivencia de éstas y
muchas otras especies.
Lic. Rosa Elena Ponce V.
rosyponce@emergencia.org.mx
|