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Rosa E. Ponce
Cuando hablamos de comunicación inmediatamente pensamos
en grandes conversaciones y para muchos (sobre todo
papás) se le “mueve el tapete” y se preguntan
inmediatamente ¿de que voy a hablar con mi hijo si
apenas tiene 2 años? O es un adolescente de 13 años y
¡no entiendo nada de lo que le gusta!
La comunicación no necesariamente son palabras y
diálogos, la comunicación también son gestos, actitudes,
afecto… y es este tipo de comunicación no verbal la que
deja mas huella en nuestros hijos. Por ejemplo practicar
junto con ellos algún deporte, compartir un momento de
buena lectura o música, un gesto de camaradería, un
abrazo cuando necesitan apoyo o simplemente acompañarlos
cuando se encuentran enfermos.
Para tener una buena comunicación con nuestros hijos no
se necesitan palabras, se necesita cariño y un clima de
confianza. Y ¿Cómo podemos conseguir ese clima de
confianza? Primeramente debemos procurar estar siempre
dispuestos para escucharlos, esto quiere decir que si
ellos nos buscan para decirnos algo dejar lo que estamos
haciendo y prestarles toda nuestra atención. Conciente
estoy que hay ocasiones en que ellos quieren platicar y
nosotros nos encontramos en medio de un asunto
importante, en esos casos, armados de paciencia, les
debemos una explicación y nos comprometeremos para tomar
el asunto más tarde. Y ¡ojo! Hay que acordarnos que
tomaremos el asunto más tarde y cumplirlo.
También es importante ser amables y estar de buen humor
cuando hablamos con ellos. Si por alguna circunstancia
estamos demasiado enojados y creemos que perderemos los
estribos al hablar con ellos, es muy válido pedirles que
nos den un tiempo para calmarnos y que retomemos la
conversación posteriormente. Recuerden, los padres somos
humanos y ellos comprenderán mejor y les ayudará mucho
en su crecimiento personal el ver que papá y mamá no son
seres perfectos y que estamos en constante lucha por
mejorar.
Finalmente es imprescindible
comprender a nuestros hijos, saber intuir qué les
preocupa, qué nos quieren decir o qué necesitan. Todo
esto sin atropellar sus palabras, dejando que ellos se
expresen libremente y a su tiempo, solo ayudándolos
cuando sea necesario.
Recordemos que la base de la comunicación con los hijos
debe ser el amor, interesarnos siempre por todos sus
asuntos sin importar cuan pequeños o insignificantes nos
parezcan a nosotros y ayudarlos a que ellos solos vayan
resolviendo las dificultades que se les presentan día
con día.
Cuando creamos un clima de confianza actuamos con clama,
sin improvisaciones, brindando paz y todo esto fomenta
enormemente la buena comunicación con nuestros hijos. Y
debemos comenzar desde que ellos son pequeños para que
cuando llegue la adolescencia nos haga, como decía mi
abuela, “lo que el aire a Juárez” (que ni el sombrero le
tumbó)
Con gusto recibiré sus comentarios en mi correo
electrónico.
Lic. Rosa Elena Ponce V.
rosyponce@emergencia.org.mx
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