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Tomado de Hacer Familia
Por María Esther Roblero
El último libro de Piero Ferruci, "Nuestros maestros los
niños" ya ha sido traducido a 11 idiomas. Allí él dice:
"Ha hecho falta tiempo, pero al final me he dado cuenta:
la relación con mis hijos pasa a través de la relación
con mi mujer. No puedo tener con ellos una buena
relación si mi relación con ella no es buena".
La experiencia clínica de Ferruci le ha demostrado que
"cada ser humano es el resultado de la relación entre
dos individuos: su padre y su madre. Y esa relación
sigue viviendo dentro de nosotros como una armonía
bellísima o como una laceración dolorosa. La relación
entre nuestros progenitores -dice Ferruci- nos
constituye en lo que somos. Y esto es verdad también en
la época de la familia dormitorio, de los progenitores
solteros, de la fecundación artificial, de la
manipulación genética, de los vientres de alquiler, de
los bancos de espermatozoides... Un niño siente con todo
su ser la relación entre sus progenitores, sea cual sea,
la siente en sí mismo. Si la relación está envenenada,
el veneno circulará por su organismo. Si la atmósfera no
es armoniosa, crecerá en la disonancia. Si está llena de
ansias e inseguridades, también su futuro será incierto"
La conclusión entonces parece clara: si quieres ser un
buen padre, sé un gran marido. Si quieres ser una buena
madre, sé una gran compañera para tu marido. Esto que
parece simple, en la práctica no lo es. ¿Por qué?
Ferruci responde en primera persona, con gran humildad:
"A veces he olvidado esta realidad. He tenido demasiada
confianza. Sabiendo que nuestra relación va bien, la he
dejado allí". Abandonada la relación a su propia suerte,
pronto aparecen los disgustos, las recriminaciones.
Cuando un matrimonio reacciona a tiempo y recupera lo
bello de su amor, los primeros en darse cuenta son los
hijos. Y cuenta su propia experiencia, después de una
temporada en que, obsesionado por escribir sus libros,
comenzó a levantarse a las 5 de la mañana y a pasar el
día rabiando por el ruido y las interrupciones:
"Comencé a sentirme deprimido, algo no andaba bien. Al
fin comprendí lo que sabía pero no quería admitir. El
orden de mis prioridades estaba equivocado.
Decidí devolver a Vivien, mi mujer, un marido que no se
cayera de sueño. Después ocurrió algo sutil y
sorprendente. Mejoró la relación entre Emilio y Vivien.
No es que fuese una relación mala, pero había algo que
no me gustaba. A menudo Emilio era descortés con ella y
hablaba conmigo como si Vivien no existiera, ignorándola
como el machista más encallecido. Después lo he
entendido: Emilio me mostraba cuál era mi actitud hacia
Vivien... Era yo quien la transformaba en una sombra.
Por fortuna me di cuenta a tiempo".
¿Cómo mantener y mejorar constantemente la relación
conyugal? Este autor italiano es un gran romántico y
cree que la fuente de amor para los esposos radica en el
recuerdo de sus mejores momentos.
"Al contrario de lo que muchos piensan, yo creo que el
hecho de enamorarse es el instante más auténtico de la
relación entre dos personas; es cuando ellas ven que
todas las posibilidades se abren ante ellas, cuando
tocan la esencia y belleza del amor... Ante los ojos de
mi mente desfilan nuestros momentos más luminosos: el
primer paseo juntos, la decisión de casarnos una tarde
de septiembre, Vivien que acude a recibirme al
aeropuerto un día de lluvia, el concierto durante el
embarazo de Emilio...
Todo eso es el origen, la fuente: el lugar en que todo
va bien y es perfecto. Resulta positivo regresar de vez
en cuando a los orígenes y beber de aquella fuente de
agua pura".
Lic. Rosa Elena Ponce V.
rosyponce@emergencia.org.mx
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