POR UNA MEJOR FAMILIA MEXICANA

 

www.emergencia.org.mx           Mar. 31 2010    Boletín No. 1048

Por qué el matrimonio es importante para la sociedad. Parte II

Ángeles Burguera

Pero las mejores ganancias vienen de la exclusividad. La relación afectiva garantizada por el pacto matrimonial supera cualquier otra, no sólo en los aspectos más íntimos -la promesa de estabilidad reduce la incertidumbre- sino también en el apoyo constante en los momentos de dificultad o tensión.

"El matrimonio y la familia -afirman las autoras- proporcionan un sentido de dependencia, el sentido de amar y ser amado, de ser absolutamente esencial para la vida y la felicidad de los demás". Esto da una perspectiva diferente para afrontar los problemas que uno encuentra, "porque hay personas que dependen de ti, que cuentan contigo o se preocupan de ti".

Al otro lado de este marco de ventajas, hay que situar el escaso apoyo externo a la estabilidad matrimonial. De hecho, la mayoría de las guías para el divorcio e incluso de los manuales terapéuticos para los estudiantes aconsejan no considerar o minimizar el posible efecto negativo sobre los hijos, a la hora de aconsejar sobre la continuidad de un matrimonio.

Quizá uno de los aspectos más interesantes del libro sea la refutación -con datos- de la idea de que, si el matrimonio va mal, el divorcio es la mejor solución también para los hijos. Las autoras citan un estudio en el que se analizan las características de más de dos mil personas casadas, a lo largo de quince años.

En la mayoría de los casos se llega a la conclusión de que tanto un matrimonio desgraciado como un divorcio reducen el bienestar de los hijos, pero, a largo plazo, el divorcio lleva a relaciones más problemáticas entre padres e hijos; aumenta la probabilidad de que los hijos se divorcien a su vez, y reduce también las posibilidades de éxito en la educación y en la carrera profesional de los hijos.

Divorcios inexplicables para los hijos

Un estudio más profundo de los efectos del divorcio distingue entre dos tipos de situaciones: los divorcios que ocurren en matrimonios con alto nivel de conflictividad y los que tienen lugar en hogares en los que las discusiones o la violencia no aparecen más que raramente.

"En el primer caso, los hijos pueden experimentar el divorcio -al menos psicológicamente- como un alivio; en el segundo, la experiencia de la ruptura familiar les supone un desastre absoluto e inexplicable", se concluye.

Y lo peor es que, entre los entrevistados, "sólo un treinta por ciento afirmaron haber tenido más de dos discusiones serias el mes anterior al divorcio". Los datos resultan claros: "La mayoría de los divorcios en los que hay niños implicados no rompen matrimonios desastrosos sino matrimonios que, desde el punto de vista de los hijos, son, al menos, suficientemente buenos".

Waite y Gallagher señalan también el papel que han tenido los abogados norteamericanos en la flexibilización de la legislación divorcista, hasta conseguir el divorcio unilateral, y sin necesidad de alegar ninguna causa.

Con la reforma introducida en Estados Unidos, resumen las autoras, "se requieren dos personas para casarse, pero sólo una para divorciarse a cualquier hora, por cualquier motivo y tan rápido como los tribunales puedan dividir las propiedades o definir a quién corresponde la custodia de los hijos".

Todas estas amenazas están bloqueando el descubrimiento de las ventajas del matrimonio y hacen prevalecer una mentalidad defensiva.

La falta de interés hacia el matrimonio se refleja en la disminución de ayudas específicas para la familia basada en el compromiso matrimonial. La presión de algunas minorías combativas hace parecer discriminatorio el establecimiento de políticas favorables al matrimonio -es un asunto privado, de dos adultos, en el que nadie tiene derecho a intervenir-.

Continuará

 Lic. Rosa Elena Ponce V. 

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