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Ángeles Burguera
Paradójicamente, otras formas de relación, como pueden
ser las parejas de hecho, exigen como propias las
ventajas sociales de los casados y los tribunales cada
vez se sienten más proclives a considerar que puede ser
incluso inconstitucional tratar de manera diferente a
las parejas, en función de si están o no casadas.
Una opción social preferente Gallagher y Waite culminan
su análisis con la sugerencia de unas líneas de
actuación para reconocer al matrimonio como una opción
social preferente. Hay que dejar de considerarlo como
una opción privada más -aseguran- y verlo como lo que
es: un compromiso público, un ideal moral y una
institución social.
Por eso la primera propuesta se refiere a la necesidad
de hablar sobre el matrimonio. En un momento en que
muchas personas han dejado de usar la palabra
"matrimonio", los investigadores sociales y los expertos
universitarios tienen una particular responsabilidad en
analizar los efectos sociales del matrimonio. Por
ejemplo, el cálculo del coste público de los fracasos
matrimoniales proporcionaría datos para evaluar la
oportunidad de muchas subvenciones o subsidios.
Otra de las sugerencias para fortalecer el matrimonio
exigiría adecuar la política fiscal, de manera que no
penalice a las familias con más de dos hijos, y reformar
la legislación sobre el divorcio. Algo empieza a
hacerse. El último capítulo recoge la experiencia
reciente de dos Estados -Luisiana y Arizona- que en 1997
y 1998 establecieron leyes más restrictivas. En el
primer caso, la reforma incluye un acceso limitado al
divorcio, la prolongación de los períodos de espera y la
obligatoriedad de asesoramiento familiar previo.
También ofrece la posibilidad de elegir entre la
legislación existente -que permite el divorcio
unilateral- y un nuevo tipo de contrato matrimonial que
limita el divorcio a ciertos casos.
Cambios legales
También se sugiere el restablecimiento de un estatuto
legal particular para el matrimonio, con un nuevo modelo
de derechos y responsabilidades. En el nuevo modelo de
matrimonio, "se debería reconocer -apuntan las autoras-
que cuanto más tiempo se lleva casado, más
interdependientes se hacen las vidas y el daño de una
separación legal es también mayor.
También se debería tener en cuenta que los derechos y
responsabilidades del matrimonio cambian de manera
fundamental cuando se tienen hijos que todavía no han
alcanzado la edad adulta".
Otro modo de abordar el fortalecimiento del matrimonio
sería desaconsejar la maternidad en solitario, para lo
cual los medios de comunicación y los personajes
populares deberían dejar de presentarla como una opción
más.
Las consecuencias de estas campañas sobre las
adolescentes pueden ser graves, sobre todo porque tener
un hijo reduce las probabilidades de casarse
posteriormente y complica las posibilidades de acabar
los estudios.
Waite y Gallagher tienen también un mensaje para los
hombres, quienes deberían tomar conciencia de los
amplios beneficios del matrimonio. Estarían así más
dispuestos a colaborar con sus esposas, pues muchas
mujeres no encuentran ninguna ventaja en tener que
trabajar para aportar ingresos y, a la vez, llevar la
casa y ocuparse de los hijos. Los maridos deberían
descubrir un nuevo beneficio: el de compartir la
responsabilidad de ocuparse de la casa y de la familia.
Lic. Rosa Elena Ponce V.
rosyponce@emergencia.org.mx
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