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En palabras sencillas
Tomado del Manual de Educación para la Sostenibilidad de
la UNESCO
Combatir el cambio climático es responsabilidad
compartida pero diferenciada. Los países
industrializados, con su modelo de desarrollo basado en
un elevado consumo de energía fundamentalmente
procedente de
combustibles
fósiles, son los que más han contribuido históricamente
a elevar las concentraciones de CO2 en la atmósfera, y
además son los que disponen de los recursos financieros
y las tecnologías para hacer la transición hacia un
modelo energético sostenible basado en el ahorro y la
eficiencia energética, así como en las energías
renovables. Los países en desarrollo, especialmente los
de rápido crecimiento como son China, India y Brasil,
están aumentando su consumo total de energía
aceleradamente, aunque su consumo energético y sus
emisiones per cápita son todavía muy inferiores a las de
países industrializados. Estos países demandan cada vez
más energía, así como los 2.000 millones de personas que
todavía no tienen acceso a la electricidad, y
corresponde a los países industrializados facilitarles
tecnologías limpias para conseguirla. Por supuesto que
también los países en desarrollo tendrán que contribuir
en la medida de sus posibilidades a hacer un uso
eficiente de la energía y a prácticas sostenibles que
limiten el crecimiento de sus emisiones, como evitar la
deforestación. De esta forma, todos nos beneficiaremos
al limitar las emisiones totales de CO2 mundiales.
El informe elaborado por el prestigioso economista Stern
para el
Gobierno
británico a finales de 2006 pone de manifiesto que el
costo de los impactos del cambio climático debidos a la
inacción para combatirlo podría suponer una disminución
del orden de 5-20% del Producto Interior Bruto global
anual, mientras que actuando podríamos limitar este
costo al 1% anual.
Responsabilidad de todos
El cambio climático es un problema de tal magnitud que
muchas personas pueden sentirse impotentes a la hora de
actuar y piensan que su resolución atañe exclusivamente
a los gobiernos
y empresas. Es innegable que estos agentes tienen una
responsabilidad crucial al respecto, pero es
imprescindible que la ciudadanía sea consciente de la
influencia que tiene nuestro modo de vida en las
emisiones, esté dispuesta a ahorrar y a utilizar la
energía de forma más eficiente, exigiendo a las
administraciones y empresas que hagan su parte.
Si empezamos a poner atención en no despilfarrar la
energía en el
uso
que hacemos de ésta en la iluminación, la calefacción,
la refrigeración y el transporte; a ser más críticos
cuando adquirimos productos, cuestionándonos si de
verdad los necesitamos y, si es así, adquiriendo
aquellos más eficientes y que hayan sido producidos en
condiciones justas, indudablemente transmitiremos a la
sociedad y a quienes toman las decisiones nuestros
principios. El cambio individual de muchas personas es
el medicamento para un cambio social.
En la actualidad gran parte de la población asocia
“calidad de vida” con un “alto nivel de consumo”, tanto
de energía como de
productos.
Para combatir el cambio climático es necesario
desacoplar estos parámetros. La Tierra nos da señales de
que no podemos continuar con este modelo. Si no
escuchamos los síntomas y actuamos en consecuencia,
sufriremos las consecuencias. Todavía estamos a tiempo,
pero es necesario estar dispuestos a cambiar.
Lic. Rosa Elena Ponce V.
rosyponce@emergencia.org.mx
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