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No te
detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno
que puedes hacer.
No te culpes
por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.
No te mires
con tus ojos, contémplate con la mirada de Dios.
No pienses en
lo largo que es el camino de tu transformación, sino en
cada paso que puedes dar para ser lo que Dios quiere que
seas.
No confíes en
tus propias fuerzas; pon tu vida en manos de Dios.
No trates que
otros cambien; sé tú el responsable de tu propia vida y
trata de cambiar tú.
Deja que el
amor te toque y no te defiendas de él.
Sólo
contempla la meta y no veas que tan difícil es
alcanzarla.
Vive cada
día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro
llegue a su tiempo.
No sufras por
lo que viene, recuerda que "cada día tiene su propio
afán"
Busca alguien
con quien compartir tus luchas hacia la libertad; una
persona que te entienda, te apoye y te acompañe en ella.
No te des por
vencido, piensa que si Dios te ha dado la vida, es por
que sabe que tú puedes con ella. Si algún día te sientes
cansado, busca el descanso en Dios que renovará tus
fuerzas.
Si algún día
te sientes demasiado responsable de otros, recuerda que
sólo Jesús es el Mesías.
Si te sientes
atado a alguien, pídele a Jesús que rompa las ataduras y
que su amor vuelva a crear lazos nuevos de amor según su
Espíritu.
Si reaccionas
ante toda provocación, ruega a Dios para que te enseñe a
responder en lugar de reaccionar.
Si tu
felicidad y tu vida dependen de otra persona,
despréndete de ella y ámala, sin pedirle nada a cambio.
Si necesitas
tener todo bajo control, entrega el control de tu vida a
Dios y confía en su poder y en su Amor por ti. Aprende a
mirarte con amor y respeto.
Piensa en ti
como en algo precioso.
"No digas:
"Es mi genio así..., son cosas de mi carácter". Son
cosas de tu falta de carácter.
Lic. Rosa Elena Ponce V.
rosyponce@emergencia.org.mx
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