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                May. 14, 2007    Boletín No. 300


 

 

 

 

 

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Para la Sra. Maria Luisa Rodríguez Villanueva

De 80 años

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Comer, ese horrible momento

Tomado de Somos Padres

“Mi hijo no come nada”. Rotunda afirmación de miles de madres que viven el momento de dar de comer a sus hijos como un auténtico tormento. La verdad es que este es un “problema” que crea verdadera angustia a los sufridos progenitores, primero porque realmente piensan que los niños no están tomando los nutrientes que necesitan para estar sanos, y segundo, porque vivir cada día una representación de la guerra de Troya en la mesa es agotador.

La gran mayoría de los mal comedores son sólo eso, niños que no comen mucho pero sí algo. Y lo más probable es que el organismo de ese niño no necesite más, siempre y cuando lo que coman sea equilibrado y cumpla la pirámide nutricional. De cualquier forma este es uno de esos problemas que debes consultar SIEMPRE con tu pediatra y confiar en lo que él te diga. Ya puestos en el caso de que el niño esté perfectamente sano, repetimos, confirmado por el pediatra, hay una serie de actitudes que quizá sin darte cuenta estés manteniendo y que no os benefician a ninguno de los dos. Hablemos de las criaturitas y la mesa.

“¿Quieres repetir macarrones, cariño?” Una creencia que se ha trasmitido de generación en generación es que cuanto más come un niño más sano está. Nada más alejado de la verdad. Cada niño y su correspondiente organismo es un universo aparte y sus necesidades cambian de uno a otro. Es como si pretendieses que tu hijo corra igual de deprisa que el hijo de una amiga tuya. Hacer comer a un niño por encima de sus posibilidades solo le creará un sentimiento de rechazo a la hora de sentarse a la mesa iniciando un círculo vicioso que hará que cada vez que el niño tenga que enfrentarse a un plato se ponga a la defensiva.

“Pero si lo hago por tú bien”. Si tu deseo es que el momento de comer no sólo no sea problemático si no que además sea feliz está en tu mano conseguirlo. Tienes que darle un voto de confianza, respetarle y que él lo perciba así. Si el niño dice basta, no quiero más, no te empeñes en que se tome la última cucharada, menos aún que se termine el plato. Imagínate que a ti te obligasen a comer más de lo que quieres en ese momento, lo más probable es que en mucho tiempo no quisieses probar esa comida.

“Mira el avión del cielo” No le engañes, no es buena idea hacer que se coma un plato distrayéndole con la televisión, ni con una cucharada de yogur entre otra cucharada de puré, ni corriendo detrás de él por toda la casa. No sólo estás introduciendo en su cuerpo más alimento del que en ese momento necesita, además no estás avanzando para conseguir tu meta: que el niño coma mañana sin problemas.

“¡Pero por qué lloras!” Si los nervios te ganan, es mejor que le dé de comer otra persona. Si tu hijo te ve estresada percibirá el momento de comer como algo negativo, se pondrá nervioso y llegarán las temidas rabietas y negativas en redondo. Si el niño dice “ya no quiero más” retírale el plato sin aspavientos y por supuesto sin ofrecerle otra comida que sabes le gusta más. Esto no quiere decir que le tengas que obligar a comer algo que realmente no le agrada, ellos, como tú, tienen su propio paladar y hay sabores que les disgustan. Si sabes que las espinacas le ponen enfermo no las prepares, intenta sustituirlas por otra verdura. Y si no hay manera de que coma verdura entera, dásela en purés, introdúcela en salsas de carne o sustitúyela por fruta durante un tiempo. Ya le llegará el momento de disfrutar con una legumbre, pero desde luego no será porque le hayas obligado a comerla.

“Te están viendo los Reyes Magos, cariño”. La comida no es un medio para lograr otras cosas. La comida es una necesidad, no un premio o un castigo. Si tu hijo se toma algo que no le apetece porque sabe que luego hay o no hay recompensa, estará estableciendo los valores de la nutrición en creencias equivocadas. Esto puede llevarle a tener problemas en un futuro con su alimentación, tanto por defecto como por exceso.

Míral@, ¿está tu hij@ contento?, ¿salta, corre, juega?, no come mucho pero se comporta como un niño feliz y sano, ¿de verdad crees que terminarse un enorme plato le va a hacer sentirse mejor? Ya comerá más tarde, cuando su cuerpecillo diga que lo necesita.

Lic. Rosa Elena Ponce V. 

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