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www.emergencia.org.mx           Jun. 25, 2008    Boletín No. 588


 

 

 

 

¡¡Mi cuñada!!. Parte II

Tomado de la revista: Salud Vital

Buscar los aspectos en común. En lugar de la rivalidad, ver cuáles son los aspectos en común con ella y tratar de potenciarlos. Por ahí, las dos estén pasando por el mismo momento de la vida, tengan poca diferencia de edad o hijos muy parejos. Puede ser muy bueno poder compartir estos aspectos y generar un vínculo más sano. Si hay buena predisposición de los dos lados, puede llegar a convertir en la hermana que uno nunca tuvo y siempre quiso tener o en una amiga muy cercana.

 

Aprender de ella. La bronca también puede tener su raíz en que ella se anima a enfrentar a su suegra o a su propia madre, y una no. O, que tiene una buena relación con su marido y sus hijos. En este caso, lo mejor es ver qué es lo que hace ella para lograr una relación armoniosa con los demás y tratar de llevar a cabo su mismo plan.

Separar los tantos. Lo mejor es tratar de diferenciar la relación con el hermano y con la cuñada. Se puede tener una relación armoniosa con los dos e independiente el uno del otro. Esto puede llegar a enriquecer la relación y a llevar más calma a la familia.

Ver qué está haciendo una. La envidia y la competencia puede estar generada desde uno mismo. Por eso, en este caso lo mejor es tratar de pensar si uno no tiene algo de responsabilidad en lo que está pasando y si la rivalidad con la cuñada, no se repite en otros ámbitos.

En definitiva, hacer todo lo que uno tenga al alcance para estar mejor con los demás. Lo cual, sin dudas, repercute en el propio bienestar.

¿Y con la suegra, cómo andamos?

La relación con la suegra es otra de las relaciones políticas que suele traer algunos roces y conflictos. Si bien hoy en día reina la compresión y la relación ha ganado una mejor reputación, todavía quedan algunos resabios del clásico modelo de suegra. Cuando aparecen las peleas y rivalidad, la actitud más sabia es "correrse" y "no engancharse". Lo mejor es tomar un poco de distancia y no enfrentar a la suegra. Seguramente, se trate de una persona mayor, que llegó a cierta edad sin poder resolver algunas cuestiones de su vida. Una buena receta es poder "terciarizar" el asunto. Lo mejor es dejar que el marido "tome cartas en el asunto". El hijo puede ser el que le ponga los límites a su madre. Las frases del tipo: "Mirá tu mamá me hizo este comentario y no me hizo sentir bien. Tratá de hablar de hablar vos con ella", pueden ayudar a calmar los ánimos. También puede ser una buena opción alentar los encuentros exclusivos entre la suegra y su marido. Además, la nuera tiene que ver en cuenta que el problema no es "ella", sino el rol que ocupa en su familia política. Puede ser que su suegra no tenga una buena relación con su familia y que hayan proyectado una relación con el hijo o que no pueda separarse de él. El consejo para las suegras, si les tocó una nuera un poco "complicada", es poder separar los tantos. Y tampoco engancharse con la agresión y la rivalidad ajena. Suegras y nueras no están obligadas a competir. Pueden formar una buena alianza. Y aprender a compartir al marido-hijo que aman.

Mi nene, el mejor

La rivalidad entre cuñadas también puede "salir a la luz" en ciertas cuestiones con los hijos. En un clima de aparente tranquilidad y armonía, las cuñadas pueden demostrar sus ganas de pelear y su competencia, con la comparación de los hijos de cada una. Los logros obtenidos por cada uno, el rendimiento escolar, la facilidad para los deportes y hasta el cariño ganado por los abuelos pueden ser motivo para la "declaración de guerra". En este caso, lo mejor es ver qué le está pasando a cada una y tratar de no trasladar los proyectos propios que "quedaron en el aire" a los propios hijos. Además, los abuelos pueden cumplir con un rol fundamental de mediadores. El primer paso es que traten de tener el trato más equitativo posible. Por más que vean a algunos nietos más que a otros o que tengan más afinidad con uno que con otro. Por ejemplo, si los abuelos se van de viaje, conviene traerles el mismo regalo a todos, invitarlos a dormir a su casa a todos juntos o, en la medida de sus posibilidades, programar salidas, para incentivar la relación entre primos y que las cuñadas dejen de lado su rivalidad. 

Lic. Rosa Elena Ponce V. 

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