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Para ayudar a los hijos pequeños
Por Javier
Peña. Tomado de SonTushijos
- ¿Has cogido tú dos pesos del monedero de mamá?
- Ha sido una broma.
Estas dos frases de arriba o similares cada día son más
frecuentes cuando hablamos con nuestros hijos pequeños.
En nuestro concepto de personas mayores esa “broma” la
podemos entender como un robo o si la situación se da en
casa lo podemos considerar como algo habitual, sin
picardía y en lo que difícilmente reparamos.
Es verdad que en chicos pequeños (hablamos de entre 3 y
8 años) el bien y el mal son términos muy difusos para
ellos y en los que los padres tenemos la obligación,
muchas veces con nuestro ejemplo, de explicárselos en el
día a día. Primero en el seno familiar y luego en mil y
una cosas que les podemos ir sugiriendo cuando hablemos
con ellos.
Es muy importante que desde muy temprana edad vayamos
educando a nuestros hijos en la sinceridad. No es un
camino nada fácil pues toda prueba de sinceridad por
parte de los pequeños tiene la consecuencia de nuestra
reacción. Por poner como ejemplo el caso de arriba,
tenemos parte de batalla ganada pues el chico reconoce
que ha sido él. No acusa a otro sino que lo que él ha
hecho reconociendo que no está bien, lo dulcifica. Es un
paso y ahí es donde entra nuestra labor como padres.
Debemos hablar con ellos, comentarles lo que es una
broma, tener paciencia, explicarle lo que es bueno y lo
que no, no imponer un castigo, que en este caso no sirve
para nada. Debemos hacerle reflexionar. Aunque sea muy
pequeño. Explicarle que esas “bromas” no gustan y que
cuando quiera algo (a lo mejor dinero para “chucherías”)
lo mejor es pedirlo a mamá o a papá y ellos verán si es
lo mejor o más conveniente para él en ese momento.
Nosotros somos su ejemplo y en muchas ocasiones no
estamos a la altura. A mí el primero. La sociedad actual
no es la mejor trasmisora de valores para la familia y a
veces nos dejamos arrastrar por ella sin darnos cuenta
del flaco favor que hacemos con ello a los que nos
rodean.
Que nuestro hijo mienta o “bromee” es normal pero
debemos estar alerta para que no se convierta en algo
habitual, en algo que nos pase desapercibido por
repetido. Ninguno queremos un hijo mentiroso de mayor.
Ya nos llegará la hora en que serán adolescentes y como
tal llevarán un mentiroso dentro. Aquí sí deberemos leer
entre líneas “todo” lo que nos quieran decir, pero
todavía no. Son pequeños pero debemos ir acompañándoles
en su crecer dándoles el ejemplo y la orientación que
pensemos más adecuada a cada uno.
Para acabar daría unos pequeños consejos cuando
observemos una “broma”:
- No dramatizar la situación: Tener paciencia.
- Explicarles lo que está bien y lo que no. La mentira
tiene sus consecuencias.
- Animarles a ser sinceros. Con la verdad se gana amigos
y la mentira no conduce a nada.
- Apoyarnos mucho los padres para ir los dos a la vez.
- Ser su ejemplo. Somos su referente en la vida.
- Hablar mucho entre los padres: entre nosotros, de cada
hijo, con cada hijo y de forma habitual e individual.
- Pedir consejo a algún profesor, tutor o persona de
confianza relacionado con el mundo de la educación o
leer pues hay títulos en el mercado que ayudan mucho en
este aspecto de la educación de los hijos.
Lic. Rosa Elena Ponce V. |