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Colaboración: Rita Ojeda
Un
día, Jaimito entró
a su casa dando patadas en el suelo y gritando muy
molesto.
Su
padre, lo llamó.
Jaimito, lo siguió, diciendo en forma irritada:
- Papá, ¡Te juro que tengo
mucha rabia! Pedrito no debió hacer lo que hizo conmigo.
Por eso, le deseo todo el
mal del mundo, ¡Tengo ganas de matarlo!
Su padre, un hombre
simple, pero lleno de sabiduría, escuchaba con calma al
hijo quien continuaba diciendo:
- Imagínate que el
estúpido de Pedrito me humilló frente a mis amigos. ¡No
acepto eso!
Me gustaría que él se
enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.
El padre siguió escuchando
y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de
donde tomó un saco lleno de carbón el cual llevó hasta
el final del jardín y le propuso:
- ¿Ves aquella camisa
blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es
Pedrito y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es
un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el
carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo.
Después yo regreso para ver como quedó.
El niño lo tomó como un
juego y comenzó a lanzar los carbones pero como la
tendedera estaba lejos, pocos de ellos acertaron la
camisa.
Cuando, el padre regresó y
le preguntó:
- Hijo ¿Qué tal te
sientes?
- Cansado pero alegre.
Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.
El padre tomó al niño de
la mano y le dijo:
- Ven conmigo quiero
mostrarte algo.
Lo colocó frente a un
espejo que le permite ver todo su cuerpo. ¡Qué susto!
Estaba todo negro y sólo
se le veían los dientes y los ojos. En ese momento el
padre dijo:
- Hijo, como pudiste
observar la camisa quedó un poco sucia pero no es
comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que
deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en
nosotros. Por más que queremos o podamos perturbar la
vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos
y la suciedad siempre queda en nosotros mismos.
Ten mucho cuidado con tus
pensamientos porque ellos se transforman en palabras.
Ten mucho cuidado con tus
palabras porque ellas se transforman en acciones.
Ten mucho cuidado con tus
acciones porque ellas se transforman en hábitos.
Ten mucho cuidado con tus
hábitos porque ellos moldean tu carácter.
Y ten mucho cuidado con tu carácter porque de él
dependerá tu destino.
Lic. Rosa Elena Ponce V. |