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Tomado de Catholic.net
La voluntad es la potencia del alma que nos mueve a
hacer o no una cosa. Es la facultad de la persona, en la
cual el individuo cumple lo que se ha propuesto sin
dejarse llevar por lo que le gusta o disgusta.
La educación de la voluntad comienza desde los primeros
años de vida, cuando las primeras necesidades del niño
se manifiestan: como darle alimento, dormirlo, asearlo,
etc. Si estas se van satisfaciendo en orden y a sus
horas determinadas, se formarán hábitos que ahorran
muchos problemas a futuro. Más tarde, al interesarnos
por sus tareas escolares, insistir en que tengan una
hora fija para hacerlas, que terminen algún trabajo que
empezaron, que guarden sus cosas en el lugar apropiado y
en general, que tengan y cumplan responsabilidades que
se les han asignado de acuerdo a su edad, estamos
formando y fortaleciendo su voluntad.
Conceptos básicos de la voluntad
La formación de hábitos: se hace más difícil
cuando los niños son pequeños y actúan más por instinto
que por razón; posteriormente
requiere de un ambiente de orden, de trabajo y de
esfuerzo que no se rompe por cualquier pretexto, pero
siempre dentro de un entorno de cariño que lo haga
diferente a una disciplina militar.
Los estímulos: Juegan un papel muy importante en
el fortalecimiento de la voluntad. Todos necesitamos de
ellos, sin embargo debemos tener presente que al emplear
determinado tipo de estímulo, estamos también creando
una escala de valores correcta o equivocada. En la
primera infancia, los estímulos son puramente materiales
(un dulce, un juguete, dinero), pero es muy importante
que al crecer el niño los estímulos también evolucionen
hacia otros motivos más altos, como sentir la
satisfacción del deber cumplido, el valor del trabajo
como un servicio a los demás, una simple palabra de
aprecio, etc. De esta forma, la escala de valores se
definirá correctamente.
El ejemplo y testimonio de los padres: Juega un
papel muy importante también, ya que a través de él, los
hijos pueden aprender el amor al trabajo bien hecho, el
desprecio por la vida fácil y cómoda, acostumbrarse a
sortear las dificultades, el valor del sacrificio, y la
alegría de una meta alcanzada.
El dominio de los instintos: Es un punto muy
importante en la formación y ejercicio de la voluntad.
Los hijos deben entender que aquel que es dominado por
los instintos se reduce al nivel del animal y por eso
hay que tener un pleno dominio de ellos.
El dominio y encauzamiento de los sentimientos:
Es otro punto muy importante en esta labor, donde
debemos enseñar a que el tímido se exprese, el impetuoso
se frene, el eufórico se modere, el pesimista se
sensibilice. El dominio se enseña sin gritos, violencia,
llanto etc.
Cómo formar voluntad en los hijos
Querer y buscar siempre el bien. Fomentar en los hijos
la caridad y el espíritu de servicio. Querer alcanzar
metas altas.
Formar en la voluntad implica formar en la renuncia.
Querer un bien supone renunciar a otro. Renunciar al
capricho por el deber. Renunciar a mis propios planes
por los de la familia. Renunciar al cansancio y al
pesimismo por la exigencia y el ejemplo. Renunciar a las
comodidades por la austeridad. Renunciar a lo que
obstaculiza la razón.
Continuará
Lic. Rosa Elena Ponce V. |