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Tomado de Catholic.net
Ser firme y no retractarse fácilmente de los acuerdos
tomados.
"Obra
comenzada, obra terminada". No dejar para mañana lo que
se puede hacer hoy.
Poner atención a los detalles, aunque parezcan
insignificantes (dejar el cepillo del pelo en su lugar,
apagar la luz al salir de la habitación, cerrar la llave
de agua cuando no la estemos usando, poner la ropa sucia
en el cesto), un lugar para cada cosa y cada cosa en su
lugar.
Obrar con un método en lugar de improvisar. Cuidar el
orden y la puntualidad. Llevar una agenda y ver cómo
rinde el tiempo. Ser cumplido con nuestros compromisos.
Señales de peligro en el hogar
Hay síntomas que nos pueden alertar sobre problemas
serios con relación a la falta de una correcta formación
de la voluntad en nuestros hijos y al ejercicio y
fortalecimiento de la voluntad en nosotros mismos. A
continuación algunos de ellos:
·
Los padres se rinden con facilidad y habitualmente a los
deseos y "apetencias" de sus hijos. A menudo permiten lo
que no aprueban.
·
Los niños muestran una baja tolerancia a las molestias e
incomodidades. Se quejan constantemente por situaciones
que se presentan y no se pueden satisfacer
inmediatamente: retrasos, malestar físico, hambre, sed,
cansancio, etc.
·
Los niños no se comportan de manera educada. Faltan al
respeto a sus padres y a otras personas con las que se
relacionan, como profesores, amigos de sus padres,
empleadas domésticas, etc. Las palabras "por favor" y
"gracias" no forman parte de su vocabulario habitual.
·
Los hijos ven en los padres ejemplo de pereza,
negligencia, comodidad y apatía.
·
Los padres hacen los mínimos sacrificios que conlleva la
práctica de la religión. Fácilmente faltan a misa y
cuando acuden lo hacen "por cumplir". Ponen poca
atención y no exigen a sus hijos respeto por la casa de
Dios.
·
El padre no es una figura con fuerza moral en la casa.
Delega los asuntos de "niños" y de la "educación" a su
mujer. Los niños casi no lo ven y cuando está en la casa
se ocupa de otras actividades.
·
El padre y la madre no muestran respeto uno por el otro.
Se critican, discuten y hacen burlas frente a sus hijos.
·
Los hijos creen y sienten que se merecen todo, casi
nunca han de esperar para conseguir algo y mucho menos
tienen que ganárselo.
·
Los hijos no saben ni se les deja enfrentar con sus
fuerzas a los problemas y atenerse a las consecuencias.
Carecen de seguridad y evitan las responsabilidades.
·
No existen reglas claras en el hogar (límites, horarios,
disciplina, etc.)
Lic. Rosa Elena Ponce V. |