|
Cuando un miembro de una familia llega a su casa puede
percibir un mensaje de bienestar o tensión sin la
necesidad de mirar a la cara del resto de la familia.
Eso suele suceder en razón de que cuanto más estrecha
sea la relación en las personas, más importancia tendrá
y más evidente será la comunicación no verbal. En
ocasiones, la falta de diálogo supone una grave
limitación a la comunicación. Muchas veces la prisa de
los padres por recibir alguna información les impide
conocer la opinión de sus hijos y, de igual forma,
impide que sus hijos se den cuenta de la actitud abierta
y de la predisposición a escuchar de los padres. La
situación anterior es especialmente importante en la
adolescencia. Son múltiples las situaciones en que los
padres sienten curiosidad por lo que hacen los hijos y
estos, ante una situación de exigencia responden con
evasivas.
Otro impedimento para la comunicación es la impaciencia
de algunos padres para poder incidir educativamente en
la conducta de sus hijos. Todo el proceso educativo pasa
por la relación que establecen padres e hijos, y ésta se
apoya en la comunicación; por eso es tan importante
preservarla y mantener la alegría de disfrutarla. Para
ello es suficiente que los padres no quieran llevar
siempre la razón y convencerse que comunicarse no es
enfrentarse. La vida familiar cuenta también con unos
enemigos claros para establecer conversaciones y la
relación interpersonal. La televisión en la comida, los
horarios que dificultan el encuentro relajado, los
desplazamientos de fin de semana... Hay que luchar
frente a estas situaciones y adoptar una actitud de
resistencia provocando un clima que facilite la
comunicación.
Obstáculos que impiden la comunicación en la familia
- Generalizaciones: Siempre estás pegando a tu hermana,
nunca obedeces. Seguro que en algún momento hace algo
distinto de pegar a su hermana. Posiblemente, alguna
vez, sí ha sabido obedecer.
- Juicio de los mensajes que recibes: La madre, cuando
el padre llega de la calle, dice: Parece que hoy llegas
más tarde. El padre replica: ¿Qué pasa?, ¿Los demás días
llego antes?. ¡Siempre estás pendiente de la hora a la
que vengo!
- No saber escuchar para comprender bien lo que quieren
decir realmente.
- Discusión sobre tu versión de algo que sucedió hace ya
tiempo. ¿Para qué darle tanta importancia a sucesos ya
pasados?
- Establecimiento de etiquetas
- Aplicación de objetivos contradictorios.
- El lugar y el momento que elegimos.
- Exposición de preguntas llenas de reproches.
- El abuso de los: “Tú deberías”, “Yo debería hacer”; en
vez de los: “Qué te parece si...”, “Quizás te convenga”,
“Yo quiero hacer”, “Me conviene”.
- Cortes en la conversación porque se presta más
atención a lo que quieres decir, que a escuchar al otro.
Lic. Rosa Elena Ponce V. |