|
Aquilino Polaino-Lorente
Los sentimientos de culpa patológica es otra de las
consecuencias que se derivan del comportamiento celoso.
Las autoacusaciones pueden tener un cierto fundamento y
seguir al comportamiento hostil del cónyuge celoso. Pero
si no se resuelven pronto, pueden llegar a generar
sentimientos de inferioridad o confundir al esposo,
quien enseguida resultará incapacitado para saber de qué
es realmente culpable y de qué no.
Las autoacusaciones pueden terminar en un comportamiento
autoagresivo muy violento, dirigiendo el cónyuge la
hostilidad que tenía contra sí mismo mediante acciones
autodestructivas (intentos suicidas). En otros casos,
las autoacusaciones constituyen el primer núcleo sobre
el que se asentarán los pensamientos obsesivos, las
fobias y los actos rituales y compulsivos, es decir,
todos esos elementos que enmarcan a la patología
anancástica, cuyo pronóstico es tan incierto.
Freud hizo derivar, de los por él llamados "celos
patológicos". Este es el caso de los delirios de
infidelidad, es decir, de esas creencias irracionales
acerca de la infidelidad del cónyuge. Estas creencias
patológicas no se abandonarán por parte del paciente,
cualquiera que sea la evidencia y las pruebas racionales
que se hayan podido aportar en su contra.
De los celos patológicos surgen también las obsesiones y
las ideas paranoicas. Las primeras, con su carácter
monotemático y rígida reiteración, tienden a perpetuarse
en las personas y en el tiempo, sin apenas cambiar sus
contenidos; las segundas, en cambio, mucho más variadas
y productivas que las obsesiones, pueden generar todo
tipo de sentimientos, desde la hostilidad al odio, del
resentimiento a la agresividad.
La ansiedad, el comportamiento fóbico y los trastornos
depresivos son consecuencias fácilmente derivadas, según
la teoría psicoanalítica, del comportamiento celoso. Por
último, las personalidades psicopáticas y neuróticas
parecen estar relacionadas, de una u otra forma, con el
problema de los celos.
La espiral del comportamiento celoso puede determinar
que éstos se cronifiquen y/o contagien a otras personas.
El cónyuge puede sentir miedo a ser calificado de celoso
por sus compañeros. En este caso, es muy frecuente que
sus compañeros le humillen y se rían de él, precisamente
por considerar que su susceptibilidad no es normal, que
es raro lo que le pasa.
El cónyuge celoso se hará más susceptible e inseguro y
tratará de ocultar todavía más lo que le pasa, como
consecuencia de la vergüenza que por ello siente. El
miedo ante la amenaza de que es objeto, por las burlas
de parte de sus compañeros, le conducirá a aislarse
todavía más. De este modo, todo parece contribuir a la
cronicidad de las manifestaciones celosas.
En otros casos, los celos se contagian. El contagio es
más frecuente que suceda entre los esposos, donde las
crisis explosivas, las descalificaciones e insultos que
suelen acompañar a las crisis de celos pueden suscitar
en la otra persona una respuesta parecida o la
instauración de la sospecha, lo que acaba por confirmar
al celoso en su inicial e injusta desconfianza.
Esto es lo que sucede, por ejemplo, en el caso del
delirio de celos (por infidelidad) en el alcohólico. El
cónyuge bebedor está siempre quejándose, injustamente,
de la infidelidad del otro cónyuge. Como por otra parte,
suele ser muy frecuente que el alcohólico sufra de
impotencia sexual, este hecho intensificará su capacidad
de sospechar y vigilar a su mujer, quien humillada por
todos estos injustos ultrajes y vejaciones, un mal día
decide marcharse de casa o ser infiel a su esposo.
Lic. Rosa Elena Ponce V.
rosyponce@emergencia.org.mx
|